La Otra Dimensión
¿Qué hace a un negocio, tu negocio?
Empecé mi carrera ya hace más de 20 años en empresas como Procter & Gamble y The Coca-Cola Company; empresas transnacionales, públicas, arraigadas en sus mercados, con estructuras robustas y presupuestos holgados. Pero con el tiempo, al contrario de la trayectoria de la carrera profesional típica, me fui acercando cada vez más a negocios dirigidos por sus dueños, primero como consultor para empresas de varios tamaños, y luego como empleado en empresas que todavía eran dirigidas por el dueño, en dónde vi muy de cerca como los negocio empiezan a tomar vida propia y acaban por atrapar a quienes los construyen.
Estas experiencias me llevaron a formular la pregunta que ahora dirige mi trabajo en el Ownership Institute: ¿Cómo evitar que aquello de lo que somos dueños termine siendo dueño de nosotros?
No es una cuestión sencilla ni algo fácil de hacer ya que en muchos aspectos, esta trampa es casi por diseño y muchas veces inevitable. Todo de lo que somos dueños, es dueño de nosotros también. No se trata de liberarse de todo, eso sería imposible, se trata más bien de formar una relación más sana o productiva con aquello que poseemos para que no nos posea de regreso.
Verán, todo los negocios funcionan o se integran en distintos niveles y cada uno de nosotros podemos participar en uno o en todos esos niveles. Y cómo participamos en estos tres niveles define mucho nuestra relación con el negocio.
El primero es la Operación. Es el día a día del negocio y lo que tiene que hacer para cumplir con su función. En negocios propios, lo más común es que el dueño tome un rol de operador, por lo menos al inicio. Si el negocio fue exitoso o lleva ya años operando, esta es la parte que mejor conocen y dominan muchos dueños y es en dónde viven las métricas de desempeño. La operación nos dice si el negocio está funcionando.
El segundo nivel es el nivel de la arquitectura del negocio. Estos son los sistemas y diseño del negocio que le permite aprender, sostenerse por si mismo, adaptarse, entre otros. La arquitectura hace que el negocio aprenda, evolucione y cree sistemas para que poco a poco dependa menos del dueño, que pueda crecer de manera sostenible y se consolide como un negocio y ente financiero con cierta estabilidad.
El mundo de los negocios está lleno de consultores para estos dos niveles. Yo fui uno de ellos. Pero con el tiempo no podía dejar de pensar que para muchos el premio del éxito era quedar atrapados en su propia creación, y de aquí salió el tercer nivel, en donde no actuamos en la operación, ni en la arquitectura, sino en la dirección del negocio y si este sirve a su dueño.
De aquí surge la creación de la disciplina del Ownership, el tercer nivel, que de lo que se encarga es de los negocios propios. Pero, y ¿qué es un negocio? En términos sencillos, un negocio es “La forma organizada de crear algo que otros valoran lo suficiente y están dispuestos a pagar por ello.”
Bajo esta definición, hace sentido la respuesta más común a la pregunta de por qué quieres abrir un negocio: para ganar dinero. Pero si les pidiera que nombraran su negocio, cada uno tiene uno diferente. Si se puede hacer dinero en tantas cosas. ¿Por qué una cafetería, una fabrica o un restaurante?
Y la respuesta es que el dinero es un elemento, y si bien es muy importante, no es el único. Y es aquí dónde entra un negocio propio. Y a diferencia de un negocio dónde el dinero es el fin, en el negocio propio tenemos que hablar de dos dimensiones, de los dos elementos que generan la tensión estructural que existe en las empresas propias y por eso son únicas.
La primera dimensión es la viabilidad del negocio que son las condiciones estructurales que hacen al negocio sólido como ente financiero. Su lenguaje es el dinero. La viabilidad de un negocio es esencial para su supervivencia ya que sin una capacidad de generar flujo constante y suficiente para cumplir con sus obligaciones, el negocio desaparecería.
Pero como ya vimos, el dinero no es todo y es aquí dónde entra la segunda dimensión. La dirección del negocio que tiene su raíz en la ambición y el propósito de quien la creo o la maneja y solo el o ella puede gestionarla. Su lenguaje es tú ambición, tus metas, tus valores, y la vida que quieres crear. Este lenguaje, con mucha frecuencia está en conflicto con el lenguaje de la viabilidad, que es el dinero.
¿Y entonces cuál es la medida del éxito del negocio propio? Pues por definición, no puede ser solo el dinero.
Para mi, y la para la disciplina del ownership, el negocio propio exitoso es el que maneja bien las tensiones entre la viabilidad del mercado y la dirección de su dueño para que el negocio sirva su vida.
No al revés. La viabilidad la dicta el mercado, pero la dirección la dictamos nosotros.
A esa dirección yo le llamo Ownership. La capacidad del dueño para definir los términos bajo los cuales el negocio existe. El dueño exitoso es el que mejor maneja la tensión entre la viabilidad y la dirección de su negocio. El que aclara constantemente la dirección del mismo y pone la viabilidad al servicio de su negocio, no al revés.
Muchos dicen que con el éxito no se discute, pero el éxito de quién o de qué. ¿Es el éxito del negocio como ente financiero únicamente, o es el éxito como negocio propio, respetando las necesidades del dueño y la vida que quiere construir?.
Para los que tomaron el negocio familiar pensando que ese no era su destino o los que dejaron un sueldo seguro para ser emprendedores, al final todo tiene un precio. Y dejar que el mercado lleve a tu negocio en cualquier dirección o ip la dirección tu mismo requiere de trabajo y esfuerzo. Las dos opciones son validas, aunque son diferentes.
La pregunta no es esa.
Es, dado la elección que has hecho ¿Qué tendría que ser diferente en tu negocio para que el precio que estás pagando valga lo que estás recibiendo?
Ese el trabajo del dueño.
Eso es el Ownership.
Pregunta de la Semana
¿En qué aspectos de tu negocio, políticas, procedimientos, o productos es clara tu dirección? ¿En alguno has dejado que la viabilidad dicte el camino con consecuencias para la dirección?


