Llegas emocionado un viernes por la mañana a tu oficina, sin pensar en los pendientes que te esperan, solo pensando en que hoy te tomas medio día para ir a la comida con tus compañeros de la generación. El día arranca como cualquier otro, con la junta de cierre de semana con tu equipo para revisar avances y pendientes antes del fin de semana. Tu ya estás pensado en la comida, pero cuándo regresa tu atención a la junta, tienes un deja-vu.
La expresión deja-vu, que viene del francés y significa ”ya visto”, es un fenómeno cognitivo que consiste en la sensación breve e involuntaria de que la situación en el momento, a pesar de ser completamente nueva, ya se vivió en el pasado. Poco a poco, mientras decides si es deja-vu o real, te das cuenta que la discusión te va a llevar, nuevamente, a otro día lleno de reuniones y llamadas, resolviendo cosas que no estaban planeadas pero se convirtieron en necesarias.
En ese punto empiezan las mentadas, internas pero no silenciosas, porqué la comida está en riesgo, y después de un par de respiraciones profundas y tres tragos de café, empiezas a buscar las razones de la situación preguntándote porqué esto siempre te pasa a ti. ¡Y en viernes!. Pero cualquiera que sea tu interpretación, todas ellas parten de un mismo supuesto, que es tan común como humano.
Nuestra reacción a la incertidumbre es, aunque no lo queramos (o creamos), muy predecible. Cuando sentimos que las cosas se nos van de las manos, nuestra respuestas más instintivas suelen empeorar la situación en lugar de mejorarla. Ante la perdida del sentido de control, la primera reacción puede ser tratar de recuperarlo. Para un dueño, esto con frecuencia significa involucrarse más en el día a día, o apretar el control sobre los procesos. Otra reacción común es culpar a los demás o a las circunstancias, que en una empresa se puede traducir en falta de confianza en el equipo, entre otras. Estas reacciones, lejos de ayudarnos con la incertidumbre terminan por reducir aun más nuestra libertad, aumentan la dependencia del equipo hacia ti y destruyen la confianza.
Y finalmente, una también común, pero más efectiva es la normalización. Esta es en donde hacemos el problema una situación normal o de todos los días, para convertir lo incierto en parte del juego, y empezamos a decirnos que eso significa ser un dueño de negocio, o que ese es el precio a pagar. Irónicamente, en esta normalización se encuentra muchas veces la solución, pero no por las razones que creemos.
(Y mientras escribo este artículo tengo el deja-vu de estar sentado en el asiento del pasillo con la laptop en las piernas escribiendo tal y como estoy ahora pensado en el hilo y articulación del escrito para que haga sentido lo que les quiero comunicar. ¿No es algo fascinante nuestra mente?)
El supuesto del que partimos, sobre todo en el mundo de los negocios, es que la incertidumbre es algo a eliminar. Que el estado ideal de una empresa es la quietud, el silencio de la rutina y el proceso que no se desvía ni se mueve de lo planeado. Pero la incertidumbre no existe por si sola, es un producto del cambio. Y en el intento de eliminarla, corremos el riesgo de eliminar el cambio y junto con él, el crecimiento.
El crecimiento, aunque en general es bueno y deseado, suele romper con lo que antes funcionaba creando incertidumbre por momentos. Pero lejos de tratar esa incertidumbre como algo a eliminar se puede interpretar como una señal que te avisa que la estructuras se estiran demasiado. Podrías normalizar esa incertidumbre como una parte inevitable de ser dueño o en su lugar, tratarla como una tension a equilibrar. Una de estás opciones, paradójicamente, te da más control.
El ownership es una relación en constante tensión, pero, aunque difícil, debe mantenerse exactamente así, viva y tirante, para que realmente nos dé lo que buscamos. Sin embargo, que el sistema esté en tensión no significa que deba jalarnos hacia su lado ni arrastrarnos al lodo de sus problemas. El verdadero trabajo de un dueño no es congelar la estructura para hacerla predecible, sino rediseñar el sistema continuamente para que siga alineado con tus ambiciones, tus valores y la vida que quieres vivir. Este es el giro fundamental de identidad: pasar de ser el “Dueño” estático a practicar el ownership como una disciplina dinámica. “Dueño” es lo que eres; ownership es lo que haces.
Tu negocio, por naturaleza, te dará la sensación de que jala y a veces que se escapa de ti. Esa junta interminable que te quitó el tiempo de comer con tus compañeros tal vez fue un mal manejo del tiempo o de la agenda, pero tal vez es una señal de que la estructura se empieza a vencer o empieza a resentir el peso de su éxito.
Con frecuencia, buscando inspiración en las redes profesionales o navegando por sitios de consultores y expertos encontramos analogías del mundo perfecto e ideal lleno de imágenes románticas de agua azul, pura y estática, en dónde se refleja la belleza que le rodea. Lo que a veces se nos olvida es que “el agua que se estanca, se pudre”.
Pregunta de la Semana
Piensa en el último momento incomodo o “crisis” en dónde sentiste que el negocio te estiraba más allá de lo que estabas dispuesto a dar y hazte esta pregunta:
Si este fuera un momento de rediseño y no una crisis, ¿qué cambiarías primero?
Próximamente en Ownership Institute
Ownership Compass™
Tu negocio puede funcionar, pero no para ti. Descubre dónde te está limitando y qué necesitas atender primero.
Ownership Session™ · Autonomía y Elección
Delega para que no vuelva.
Transfiere conocimiento y rompe los cuellos de botella de tu negocio.
Encuentros de Dueños · Octubre
Tu negocio te llevó hasta aquí. ¿Qué quieres que haga posible ahora?
Una conversación entre dueños sobre qué quieren que su negocio haga posible en su próxima etapa.
Guadalajara · 2 de octubre
Ciudad de México · 8 de octubre
Regístrate aquí para recibir la invitación y acceder cuando abramos el registro.


