Mi relación con las redes sociales es complicada, por decirlo de alguna manera. Y aunque técnicamente LinkedIn es una red profesional, se comporta como cualquier otra cuando quiere robar tu atención con titulares exagerados. Si has estado por ahí scrolling recientemente, sabrás a lo que me refiero.
Hace unos días me encontré con una de estas frases:
“Un negocio no es escalable hasta que el fundador se vuelve opcional.”
Y eso es lo que tienen estás frases. Suenan tan fluidas y rítmicas que parecen verdad. Pero si nos detenemos un poco a cuestionarlas, vemos que hay algo mucho más allá, y lo único que se me ocurrió preguntarme al leerla es: ¿En qué momento convertirse en opcional es uno de los logros a los que aspira un dueño?
Déjame ver. Trabajas durante años, arriesgando dinero, aprendiendo a vender, a contratar y a cobrar, a despedir gente de vez en cuando, aunque te choque hacerlo, y a levantarte día tras día para seguir construyendo el negocio propio. Sobrevives los primeros años, cosa que no pueden presumir muchos, y, cuando por fin tu negocio empieza a sostenerse por sí mismo, alguien te dice que tu recompensa es dejar de estorbar.
La idea del dueño opcional es una de las favoritas entre los brokers de negocios. La lógica es que los negocios que dependen de sus dueños son negocios frágiles mientras que los que pueden operar sin él son más estables y, por lo tanto, más valiosos.
Dentro de esos límites, el argumento tiene sentido. Un negocio que te necesita para todo no es un negocio independiente. Es uno que necesita de tu conocimiento, tú criterio para tomar decisiones, tus ordenes para cambiar de prioridades o para cambiar cualquiera de sus procesos. Liberarse de la operación con una mejor arquitectura hace mucho sentido. El secreto está en no confundir dejar de ser indispensable para la operación con dejar de ser relevante para el negocio.
Si tu objetivo es vender la empresa, adelante. Vas por el camino correcto. Pero para muchos de los dueños y dueñas con quienes hablo, el valor de su negocio es distinto. No quieren desaparecer, sino crecer. Pero para lograr el crecimiento, no es necesario crecer tu ausencia, sino tus sistemas.
La empresa necesita esa arquitectura y sistemas para vender, entregar, cobrar, decidir, corregir sin pedirte permiso todo el tiempo, distribuir el conocimiento, desarrollar criterio y construir capacidades que no desaparezcan cuando no estás. Eso es incuestionable.
Lo que cuestiono es que la madurez de la empresa exija indiferencia hacia quien le da la dirección. Porque no es lo mismo que tu negocio no necesite tus manos en la operación a que no las necesite al volante.
No tienes que estar en todas partes. Pero tampoco deberías aceptar que tu presencia ya no importe en ninguna.
Pregunta de la semana
¿Qué parte de tu negocio necesita dejar de depender de ti y qué parte perdería su rumbo si tu criterio desapareciera?
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